Después de una época de azules, ocres y tonalidades oscuras y profundas, Didia ha entrado en una etapa de brillos radiantes mucho color e intensidad en su obra.
La primera impresión son los púrpuras y naranjas que maneja de manera elegante y sin darse cuenta arremeten con fuerza interior. Su constante de dorados permanece, impregnan lo radiante de la luz "la energía solar, lo masculino, el sol está en mí obra" nos cuenta Didia.
Me atrevería a afirmar que ha despertado su niño interior la viveza de sus cuadros está presente en los trozos que delinean formas simples, árboles, formas seriadas de líneas y lo que ella llama la serie del color, formatos pequeños que se acompañan entre sí para lograr una construcción sencilla pero intensa.
Didia pinta para la vida, para la energía que demuestra en cada obra, singular y auténticamente hermosa.